Raíces que siguen vivas: historia del folk extremeño desde el siglo XIX hasta hoy
La recogida del folclore extremeño cobró impulso en el último tercio del siglo XIX con la aparición de sociedades de folklore y publicaciones dedicadas a conservar canciones, historias y leyendas populares. Este patrimonio tradicional refleja las vivencias rurales de Extremadura: ritmos ligados a las labores del campo, jotas y rondeñas en romerías o fiestas patronales, y temas cotidianos —como el amor, la naturaleza o los oficios— transmitidos oralmente de generación en generación.
La instrumentación tradicional era sencilla pero peculiar: destacan el tamboril con flauta, la zambomba, y objetos familiares como almireces, calderos o botellas de anís, junto a panderetas y guitarras. Agrupaciones como Anhinojo Folk, surgidas en los años 70, han rescatado jotas y tonás heredadas de los mayores, manteniendo un patrimonio de excepcional valor documental. Estas formas musicales han pervivido a través de celebraciones locales en comarcas como La Vera, el Valle del Jerte o la Sierra de Gata, donde siguen entonándose canciones como “La Uva y el Trigo” o la “Jota de Guadalupe”.
Fuentes que inspiran al nuevo folk: etnomusicología y recuperación del repertorio
El nuevo folk extremeño se nutre del trabajo de investigadores y coleccionistas que han recuperado repertorios populares a través de cancioneros, grabaciones de campo y estudios etnomusicológicos. Desde Manuel García Matos o Marciano Curiel en el siglo XX hasta proyectos contemporáneos promovidos por asociaciones culturales y universidades, se ha generado un cuerpo documental que alimenta a las nuevas generaciones de músicos.
La Federación Extremeña de Folklore (FEF), fundada en 1985, es el principal organismo encargado de la conservación, difusión y defensa del patrimonio musical tradicional. Publica la revista Saber Popular, coordina agrupaciones y organiza seminarios que difunden repertorios antiguos y favorecen su reinterpretación. Gracias a estas iniciativas se han recuperado melodías autóctonas y se han puesto a disposición de bandas modernas materiales de enorme valor cultural. También se han promovido proyectos pedagógicos en escuelas e institutos que traducen viejas jotas o rondeñas a nuevos formatos, implicando a niños y jóvenes en la preservación activa del repertorio.
Un territorio plural: grupos de folk modernos en Extremadura
La escena folk actual en Extremadura está formada por una gran diversidad de propuestas. Desde los tradicionales coros y danzas folclóricos hasta nuevas bandas que fusionan estilos, el panorama refleja un equilibrio entre la conservación y la innovación.
Grupos como Mansaborá Folk, surgido en 2005 en Cáceres, combinan la música tradicional con instrumentación moderna y han ofrecido más de 350 conciertos por toda España. En Plasencia, el trío EnVerea propone una lectura contemporánea de las músicas populares. En Badajoz, TerramojÁh fusiona elementos del folk mundial con ritmos como el ska o la rumba. Aulaga Folk, Cerandeo o El Pelujáncanu también destacan por su apuesta por la fusión de estilos y la reivindicación de lo local.
Junto a estas bandas, las agrupaciones de coros y danzas, muchas de ellas integradas en la FEF, continúan representando el folclore tradicional con repertorios centrados en las jotas, paloteos y romances. Esta convivencia de lenguajes musicales permite que la tradición siga evolucionando sin perder su esencia.
Un nuevo tiempo: festivales, federaciones y apoyo institucional
La música folk vive hoy un nuevo tiempo en Extremadura gracias al empuje de festivales, federaciones y administraciones. El Festival Internacional Folk de Plasencia, con más de 28 ediciones, se ha consolidado como una de las citas más importantes del folk peninsular. Por su escenario han pasado bandas de todo el mundo, así como los principales grupos extremeños.
El Festival Folklórico de los Pueblos del Mundo y el Festival Internacional de la Sierra en Fregenal de la Sierra también son espacios clave para la difusión de las músicas tradicionales. La Federación Extremeña de Folklore, que agrupa a más de 80 asociaciones, coordina numerosos encuentros y actividades de formación y difusión.
El respaldo institucional es significativo: tanto la Junta de Extremadura como las diputaciones de Cáceres y Badajoz subvencionan actividades y programaciones culturales. Estos apoyos han facilitado la profesionalización de muchos grupos, la edición de discos y la presencia en festivales nacionales e internacionales. Además, el folk extremeño genera actividad económica a través de la producción discográfica, la promoción turística y la dinamización cultural del territorio.
Rasgos del nuevo folk extremeño: instrumentos, discursos y fusión
El nuevo folk extremeño se caracteriza por una hibridación técnica y estilística que lo aproxima a otros géneros musicales sin perder sus raíces. Se mantienen instrumentos tradicionales como el tamboril, la flauta, la zambomba, el almirez o la pandereta, pero se combinan con guitarras eléctricas, bajos, baterías, violines o sintetizadores.
Los discursos también han evolucionado: junto a los temas rurales y festivos se incorporan narrativas actuales, reivindicativas o de memoria histórica. Las nuevas producciones cuidan especialmente la puesta en escena, el diseño sonoro y la proyección audiovisual.
Esta fusión estética y conceptual conecta con movimientos de folk celta, mediterráneo o balcánico. Grupos como Barrunto Bellota Band, que mezcla klezmer y folk balcánico, o Los Niños de los Ojos Rojos, con una fusión de rock, flamenco y reggae, amplían los horizontes del folk regional. La diversidad estilística es uno de los sellos del nuevo folk extremeño.
Extremadura en el mapa del folk español
Aunque históricamente menos visible que los movimientos gallego, vasco o andaluz, el folk extremeño ha ganado espacio en los circuitos nacionales gracias a su calidad y a la profesionalización de sus grupos. La participación en festivales estatales, la cobertura en medios especializados y la difusión en plataformas digitales han incrementado su presencia.
A diferencia del folk gallego, con un fuerte componente celta, o del vasco, con su propia tradición instrumental, el folk extremeño se distingue por su mestizaje: integra influencias castellanas, portuguesas, sefardíes y del ámbito mediterráneo. Este carácter fronterizo es una de sus fortalezas, aunque también ha contribuido a que su identidad sea menos reconocida a nivel estatal. Sin embargo, la evolución de festivales, medios autonómicos como Canal Extremadura y la internacionalización de algunos grupos están ayudando a situar a Extremadura en el mapa del folk español.
Mirando al futuro: retos y oportunidades
El folk extremeño se enfrenta a varios retos: la pérdida de la transmisión oral, la falta de relevo generacional en entornos rurales y la dificultad de acceder a circuitos comerciales. La profesionalización de los grupos sigue siendo limitada y muchas iniciativas dependen del voluntarismo de asociaciones o de subvenciones públicas.
Sin embargo, también existen grandes oportunidades. El auge del turismo cultural, la inclusión de la música folk en proyectos educativos, la digitalización del sector y el interés por la identidad local pueden fortalecer su posición. La colaboración entre administraciones, entidades culturales y colectivos juveniles es clave para garantizar su continuidad.
En este escenario, la música folk extremeña tiene el potencial de consolidarse como una de las expresiones culturales más genuinas y vivas de la región, capaz de dialogar con el presente sin renunciar a la riqueza de su pasado.


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